Ojalá todo se resolviera con una manzanilla calentita
¿Verdad?
Me gusta la manzanilla. De pequeña la odiaba con todas mis fuerzas y ahora simplemente me parece el mejor remedio para todo como bien aventuraron durante años las abuela. Si me duele la barriga, si no puedo dormir, si estoy un poco nerviosa, si he cogido algo de frio… me tomo una manzanilla. Cura hasta el dolor de corazón, creedme. Y no es que sea mágica, pero a veces, cuando todo se te hace bola, lo único que tienes que hacer, y lo único que funciona es dejar la mente en blanco, parar cualquier cosa que estes haciendo, sentarte o tumbarte en el sofá y no pensar en nada.
Porque no nos engañemos, cuando se nos van muchas cosas de las manos de un día para otro, es nuestra estabilidad interior la que primero sufre las consecuencias. Para algunos, la barriga, para otros, la cabeza, y muchos, una mezcla de un no se qué que puede contigo.
Si añades una manzanilla ayudará y mucho a relajarte y a pasar un ratito tranquila que no va a solucionar las cosas que te rondan en la cabeza pero si te ayudara a situar y saber si algo es realmente tan importante, si algo merece tanto la pena, si tu esfuerzo y ganas están bien invertidos y si es así, la capacidad de ver las cosas desde otra perspectiva: las de una persona relajada y tranquila.
Que nadie se asuste me sigo tomando a diario un café con la vida y eso no me lo va a quitar nadie, pero a veces, ni el descafeinado consigue eliminar los pájaros de la cabeza.
 Nadie tiene una vida perfecta. Todos necesitamos manzanillas de vez en cuando. Es cierto que hay personas con situaciones, en distintos sentidos, privilegiadas. En ocasiones porque es lo que les ha tocado y en muchas otras porque es lo que les va tocando o se van currando, porque la suerte se trabaja día a día ( es el lema de la agenda petite de este año que por cierto, ya podéis comprar). Siempre va a haber gente (para ti) que tu, y siempre va a haber gente mejor que tu, cada uno elige como quiere enfocar su pensamiento no para compararse ni con unos ni con otros, pero si para situarse en su lugar y hacer magia con lo que tiene, quiere, lucha y espera.
No quiero ser frivola. Yo, si hablo en primera persona, tengo una situación maravillosa, estoy rodeada de gente a la que quiero y me quiere y me dedico a lo que me hace feliz. Se que hay muchas otras situaciones en las que el párrafo anterior, puede parecer un poco menos consistente. Pero yo no siempre he estado bien. No siempre he tenido el trabajo de mis sueños, durante muchos años fui eterna becaria, permití a mi corazón sufrir como la que más y hubo muchas situaciones, pequeñas y grandes que literalmente me superaron. por encima de todo esto, esta la salud, algo que no entro a valorar porque es un tema que esta por encima de todo lo demás, lo único que realmente tendría que poder tener a priori, creo, un efecto paralizante en las personas.
Constantemente recibimos estímulos del exterior que nos bloquean, nos entorpecen, nos entristecen, nos hacen dudar hasta  de nosotros mismos. Hacen que afloren sentimientos de nosotros que ni si quiera identificamos, bueno o malos y nos lleva a algo que detesto: preguntarte porqué. Yo me hago esa pregunta a menudo cuando hay situaciones que se me escapan de las manos. Que si, que yo voy de que se lo que hay que hacer, porque lo se, y seguramente tu también, pero aplicárselo es otro tema. Sin embargo al final, después de una manzanilla, un ratito de sofá, a veces (solo a veces) algo de música… Gracias a Dios en la mayoría de los casos el porque desaparece y se convierte en algo totalmente prescindible para mi cabeza, mis emociones, mi trabajo y mi estabilidad emocional. Os lo prometo. Mano de santo.
Ojalá todo se resolviera con una manzanilla calentita. ¿No? Supongo que como muchas cosas en la vida,(y aquí está la verdadera reflexión de este post) todo bien el poder que nosotros queramos darle. Todo, incluso la manzanilla.
¿Nos tomamos una manzanilla juntas?

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